Sunday, November 22, 2009

Comienza el día...

Comienza el día, que tragedia. Nuevamente mis compañeros de trabajo. Nuevamente la rutina. Sacar al perro a hacer sus necesidades, darle de comer a los gatos, limpiar las meadas de sendos animales. Me aburre. Mi vida me aburre. ¿Cuándo habrá comenzado esto? ¿Hará mucho? Ya no recuerdo. Lo que recuerdo es que fui feliz. Aunque sólo haya sido un momento, fui feliz. Esas cosas no se olvidan, se retienen, como una foto, clavada en la retina, en la memoria. Ojalá pudiera volver a sentirme así, tan siquiera un momento, pues la felicidad es eso, un momento, un instante, un segundo. Necesito sentirme así, lo necesito. Necesito sentirme amado. Sé que volveré a ser feliz, sólo que no sé cuándo. Cuando uno es feliz, las cosas se ven de forma diferente, llenas de vida, de esplendor; la gente es más amable, les gusta hablar, y no te ladran como perros ante la más simple de las preguntas. A la gente le gusta verte feliz, animado, con ganas de hacer cosas. Y cuando te ven decaído, desanimado, triste, se alejan sin más; quizá con un “adiós” o “que te mejores”, pero nunca dicen realmente lo que sienten – ¡Hay! Este siempre cabizbajo. – Prefieren siempre seguir con sus problemas, que deben ser muchos, porque nunca tienen tiempo para uno. Vamos a ver, ¿qué es lo que le pasa a uno por la cabeza cuando está mal? Miles de cosas. La Muerte es una, quizá no la más recurrente, pero sin duda siempre presente, acechante; es duro enfrentarse a la Muerte, día a día, noche a noche, pero es útil, saber que uno sale vivo de esa batalla te pone las pilas a tope, te dan ganas de llevarte el mundo por delante, ¡porque venciste a la Muerte! Mierda… A la Muerte. Igual, como dije anteriormente, la Muerte no es tan recurrente. Otra cosa que me pasa en esos momentos es el aburrimiento, el eterno aburrimiento, que ya no es vencido por nada, es Eterno. Las horas pasan, el reloj se mueve, pero el aburrimiento sigue ahí. Nada puede hacerse para mitigarlo, sigue y sigue como el tiempo mismo. Pero todo pasa. El aburrimiento también pasa. Pasa cuando tenés con quién hablar, con quién compartir cosas, con quién llorar. Pasa cuando amás a alguien, cuando te aman, aunque más no sea un amigo. Pasa cuando salís del encierro, cuando le abrís el corazón a la sociedad, al mundo, a lo nuevo, a lo inexplicable. Pero el aburrimiento tampoco es de los más recurrentes sentimientos cuando uno está triste, aunque sí es mucho más recurrente que la Muerte. El sentimiento, a mi parecer, más recurrente en ese estado, es la soledad. No una soledad común. No esa soledad que uno conoce, que es palpable, que se ve. Sino una soledad absoluta, infinita, donde la persona más cercana se siente a kilómetros de distancia. En este estado valen las palabras tanto como un grano de arena en el desierto. Mi soledad. La soledad inmortal, perenne, es un sentimiento, ya lo sé, pero en soledad, ese sentimiento pasa a ser mi mundo, mi morada. Y cada vez se agranda más. Dentro de la soledad no hay límites. Te sentís tan sólo que te da asco. Yo no soy así. Y me levanto. Me repongo. Venzo esa soledad que me abruma y salgo al mundo. Salgo al mundo. A ese mundo odioso, que no tiene para mí otra cosa que tragedia, mis compañeros del trabajo, mi rutina…

5 comments:

  1. Guau... Empecé a leerlo y no pude parar hasta terminarlo!
    Casi que me faltó aire al no quere ni respirar mientras tanto.
    Me gustó mucho!
    Roman... sí, el primo de tu viejo.

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  2. Seee.. ta bueno... un poco duro para empezarlo, pero vale cada palabra!

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  4. Es realmente abrumador y desconcertante encontrarte con alguien que en otro tiempo, en otras circunstancias, en otra geografía padece del mismo mal.Algo siniestro y recurrente en las almas de los mortales: la rutina y la soledad en compañía.Son como dos poderosos colosos que se erigen en la vida de todos nosotros cuando empazamos a crecer...y que mal nos acompañar a lo largo de nuestro diario transitar!! Claudia

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  5. Me encanto Clau!!! Son dos colosos en pugna por regir nuestros días... pero conmigo no van a poderr!!!!

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